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La impresora no pasa de moda

Por mucho que los defensores del Amazonas luchen por evitar el consumo de papel y que las empresas faciliten las gestiones a través de soportes digitales, el español de más de 30 años sigue reservando parte de sus ahorros para destinarlos a impresoras, cartuchos y papel.

Haber nacido en tiempos analógicos sigue marcando los hábitos de la generación de españoles que cuando ve una tele no intenta pasar de página con la mano sobre la pantalla. Luis Giganto organiza conciertos por toda España y para detectar la edad de los asistentes dice que ya no pide el DNI. “Con ver si a la hora de comprar la entrada en internet ha pedido la opción entrada física, ya sabemos que tiene más de 18 años. Y más de 30”. Según Giganto la gran diferencia entre jóvenes y menos jóvenes que son habituales de los conciertos es que los segundos no creen que se puedan coleccionar entradas sin poder pegarlas a un álbum. “Eso sí, luego son los que durante el espectáculo no paran de molestar al de al lado mostrándole cómo tiene el disco de la banda en cuestión en Spotify, Bandcamp y iTunes”.

Eso sí, luego son los que durante el espectáculo no paran de molestar al de al lado mostrándole cómo tiene el disco de la banda en cuestión en Spotify, Bandcamp y iTunes

¿Vivimos entre dos estilos de vida que se juntan pero no se mezclan? ¿Somos generaciones separadas por su propia termoclina como cuando dos mares que se encuentran? Pol Dyck Fauler, conocido como Mr.PDF, lleva estudiando este fenómeno desde antes de la llegada de internet. Según sus estudios no es un problema concreto de esta generación: “cuando llegó la radio a las casas la gente se reunía al lado del transistor para escuchar sin dejar de mirarlo como si fuera la abuela contando una de sus historias a la luz de la lumbre. Hasta que nació la siguiente generación no se dieron cuenta que podían seguir haciendo sus labores domésticas sin necesidad de mirar fijamente al aparato”. Es la llamada fuerza de la costumbre generacional o síndrome del “yo siempre lo he hecho así y no me ha ido mal”.

La redacción de este diario ha querido salir a la calle para comprobar hasta qué punto a las generaciones anteriores a los Millenials les cuesta dejar hábitos previos a la aparición de internet y en qué medida reconocen que son unos viejóvenes. Los resultados no dejan lugar a la duda. El 90% de los encuestados reconoce haber olvidado cómo es una agencia de viajes o una taquilla de estación, pero prefieren, una vez han comprado su billete, poder tenerlo físicamente en sus manos “por si se me borra el móvil sin querer o me lo roban”. El 92% asume la misma estrategia para ir al cine o a espectáculos deportivos: “no me fío de que funcione el lector del cómo se llame ese nuevo código de barras cuadrado que anda por todos lados”.

No queríamos acabar este post con formato de noticia de los años 90 sin hacer referencia a los coleccionistas de música, sección Compact Disc. Desde varios grandes almacenes del país hemos recibido llamadas durante nuestra investigación para facilitarnos un dato espantoso: hay miles de clientes que no se han comprado un lector de CD´s en los últimos 15 años y siguen comprando CD´s. No hay lector de CD´s que 15 años dure; entonces ¿por qué siguen comprando discos compactos cuando está claro que no tiene dónde escucharlos? Pues por lo mismo que se imprimen las entradas de conciertos que compran en Internet: ¡¡para fardar!! Los pre-Millenials siguen convencidos de que si no lo veo no lo creo y si no lo toco no lo luzco.