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Los pisos turísticos sin cobertura 4G resurgen de sus cenizas

Aquellos propietarios de pisos turísticos que invirtieron en instalar una red wi fi para atraer potenciales clientes han comenzado a acordarse de las madres de un nuevo tipo de viajero: el turista que ha pasado de la conectividad, también conocidos como los No me guasapeen que no me gusta que en vacaciones me estresen (NMGQNMGQEVME).

Las vacaciones no son un capricho, sino una necesidad para nuestra salud física y mental, un imprescindible en estos tiempos de prisas. A los habituales consejos de descansar un mínimo de 15 días seguidos se ha sumado en los últimos años otro consejo imprescindible: mejor sin móvil. “Mis vacaciones ideales consistían en pillar el lugar de la playa con mejor cobertura para enviarle las fotos de mi disfrute a mis amigos. Todo fue genial hasta que mis amigos de la fábrica empezaron a responderme contándome sus problemas laborales. Cuando me quise dar cuenta pasaba más horas hablando del trabajo que cuando no estoy de vacaciones”. Esta reflexión de Aitor Nillo se ha extendido lo suficiente entre los españoles como para que en las webs de pisos turísticos, las ofertas más demandadas son aquellas que carecen de cobertura 4G y wi fi.

Cuando mi jefe me dijo que después de pasarse el mes de agosto viendo en Facebook como me pegaba la vida padre en Bora Bora

La influencia de las nuevas tecnologías en nuestra forma de divertirnos y relajarnos comenzó a ser plausible en los conciertos. En las baladas los mecheros fueron sustituidos por los flashes de los móviles, en las entradas se comenzaron a requisar más palos-selfie que navajas y, en no poco casos, la mayoría del público sigue el concierto a través de sus pantallas mientras graba o fotografía a los protagonistas. ¿De verdad queremos vivir en una sociedad en la que a la pregunta “¿qué tal lo pasaste en el concierto?”, la respuesta sea “¡guay! grabé todas las canciones?”.

Y qué decir de las pistas que les damos a nuestros jefes sobre nuestra vida privada. Para Cristina Sáez, su costumbre de compartir con todo el mundo sus vacaciones, le supusieron un rotundo no cuando quiso mejorar su salario. “Cuando mi jefe me dijo que después de pasarse el mes de agosto viendo en Facebook como me pegaba la vida padre en Bora Bora lo único que me iba a subir era la intensidad con la que revisaría mis justificantes de gastos, me di cuenta de que en vacaciones no me había relajado y de que no volvería a juntar el dinero necesario para viajar a un lugar así”.

Ante esta realidad propia del ímpetu con el que las personas nos sumamos a las nuevas modas, son las experiencias de los propios usuarios las que han provocado el cambio de tendencia. Tras unos primeros años en los que la vuelta a la actividad laboral daba menos trabajo que tener cargado el móvil en la playa, los ciudadanos están recordando cómo eran las vacaciones previas a la llegada de lo digital a nuestras vidas. Sin duda un cambio de tendencia que se empieza a notar hasta en la productividad laboral. “Mis trabajadores vienen descansados y hasta ilusionados por contarles todas las vacaciones a sus compañeros lo que lleva a que estos prefieran centrarse en el trabajo en lugar de tener que escuchar las aventuras veraniegas del que se incorpora tras el descanso”.